Admiro
de
Eduardo Zeind Palafox
Para Franz Kafka, que sufría como yo…
Yo admiro a los hombres
que saben elegir su profesión,
a los que saben elegir a su mujer,
a los que saben elegir las palabras correctas
para hacer que su profesión y su mujer
den siempre un feliz quehacer.
Yo admiro a los que por la mañana
se levantan y en vez de ver las nubes
pueden ver el sol sin quedarse ciegos.
Yo admiro a los que temen lo oscuro,
a los que aman la luz,
a los que saben elegir la ciudad
en la cual vivirán
sin tener que cargar malos rostros
y una ruina como cruz.
Yo admiro a los que saben hacer
en su propia tierra un país,
a los que saben hacer con su gente
un paraíso sonriente.
Admiro a los niños que saben
pensar como hombres,
a los hombres que saben jugar como niños,
a los que se juegan la vida porque saben
que la vida es un juego de niños
que sólo puede ser jugado
por los verdaderos hombres.
Admiro a los que saben llegar a los templos
y sacar de ellos el respeto hacia la vida.
Admiro al que se casa con la mujer
de sus ensueños y que la hace soñar
en un templo de cambio y de truenos.
Admiro a los que saben ejercer su profesión,
a los que saben que el dinero es una vía
para lograr el camino del futuro.
Admiro a los que lloran para limpiarse
sin ahogarse en el llanto.
Admiro a los hombres graciosos,
con buen cuerpo, buena barba, buen talante,
esos a los que las mujeres califican
de eruditos porque son elegantes.
Admiro a los erguidos,
que siempre ven el horizonte.
Admiro a los fuertes,
que saben resistir el viento,
las risas y el odio.
Admiro a los que oyen que son amados,
a los que no responden con sinónimos.
Admiro a las mujeres que no hacen
que sus hombres tengan que salir
a la calle para buscar con quién hablar.
Yo admiro, admiro todas las cosas
porque todas las cosas me faltan.
Admiro el absoluto porque soy nada.

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