Magnífico análisis en el arranque de la campaña electoral del candidato del PSOE.

Nada como empezar una campaña electoral con un ladrillazo en toda la cara. El sondeo del CIS confirma las expectativas y deja al PSOE enfrentado a todos los errores cometidos en los dos últimos años. Es un caso de manual de justicia poética.
No ha sabido marcar distancias con Zapatero, más radiactivo que un kilo de cesio-137. No ha elaborado un discurso ideológico que ayude a explicar la situación económica actual ni a plantear qué hacer en el futuro. No ha sabido movilizar al partido en un proceso de primarias que, con todos sus riesgos, sirve para entusiasmar a los militantes y simpatizantes e intentar que ese impulso llegue a la campaña electoral. Este error había quedado bastante claro, pero al final ha resultado un escándalo al comprobar lo que han hecho los socialistas franceses --un partido acostumbrado en la última década a incidir en el error con una dedicación encomiable-- en su proceso de elección del candidato.
Y no ha elegido a un líder como candidato a la presidencia.
Sólo había que ver anoche a Rubalcaba en el arranque de la campaña. Como es habitual en él, inclinaba ligeramente la cabeza ante el micrófono. Ese gesto, como otros, es efectivo en la tribuna del Congreso, en especial si se combina con una sonrisa irónica. Rubalcaba es el parlamentario perfecto. Capaz de matar al rival con un par de frases cargadas de TNT --no se necesita mucho más para salir en la televisión-- y al mismo tiempo de pactar una ley compleja detrás del escenario. Entre bambalinas, uno se imagina que Rubalcaba es capaz de cualquier cosa. A plena luz del día, es un político como tantos otros.
Es el operador político por definición. Se maneja con habilidad en la sombra. No tiene una base de poder propia en el partido, pero nadie lo quiere como rival. Es otro político al que sus correligionarios pueden aplicar la máxima de Johnson sobre J. Edgard Hoover: es mejor tenerlo dentro meando hacia fuera que fuera meando hacia dentro. Despreciado por sus enemigos, pero nunca subestimado por ellos. De hecho, ocurre lo contrario. Como dije una vez, la fama de Rubalcaba se la han labrado en buena parte sus adversarios de la derecha, en la política y los medios de comunicación.
Pero Rubalcaba no es --nunca lo ha sido y nunca lo será-- un líder. No tiene un discurso ideológico que emocione o que haga olvidar lo ocurrido para obligar a la gente a centrarse en el futuro. No levanta la cabeza en el estrado para desafiar a sus interlocutores a hacer lo que se debe hacer ni anima a la gente a imaginarse un horizonte distinto. No levanta la voz para despertar a la gente de la modorra.
La ironía no sirve para levantar pasiones. No lleva a la gente cogida del brazo de camino a las urnas.
"Lo hubiera hecho de otra manera". Es una frase que creo que Rubalcaba ha utilizado en alguna ocasión para referirse a determinadas políticas de Zapatero (si no me equivoco, en el caso de la reforma constitucional). Él quiere hacer hincapié en la segunda parte de la frase: de otra manera. Los votantes, con razón, sólo escuchan la primera.
Si el PSOE sólo puede ofrecer en teoría una versión más inteligente de Zapatero, no es extraño que se prepare para una derrota de proporciones colosales. Y de hecho, es lo que más le conviene. Sería trágico que se quedara en torno a los 125 escaños de Almunia. Habría muchos, empezando por Rubalcaba, que intentarían convencer a sus militantes de que no están tan mal, de que tienen que construir sobre lo que ya tienen, de que no es necesario cuestionarse nada. Sólo habría que hacer las cosas "de otra manera".
Sería un error terrible.
Sólo en caso de apocalipsis económico que dejara lo sufrido hasta ahora en una anécdota, la táctica Rajoy de esperar a que pase el cadáver del enemigo ante tu puerta podría ser una opción. Cualquier previsión que no incluya un descenso del país a los infiernos hará que el sondeo del CIS sea una foto fija en los próximos ocho años.
Es una lástima que haya tantos dirigentes socialistas que piensan que se puede hacer una carrera muy noble en la oposición. Su fe ciega en Zapatero y su aceptación miedosa de la figura de Rubalcaba hacen pensar que eso es lo que desean. Y es lo que van a obtener.