Este es un excelente artículo sobre por qué muchas veces continúan en la esfera pública problemas por resolverse: PORQUE HAY INCENTIVOS MAYORES PARA NO RESOLVERNOS Y DEJARLOS PENDIENTES.
Veamos cuáles son.
Suponed que yo soy un tipo especialmente hábil exterminando cucarachas. En mi ciudad hay una plaga de cucarachas y eso hace que por el momento yo me esté haciendo de oro con la exterminación de cucarachas. Sin embargo, conforme yo hago mejor mi trabajo, empiezo a observar que cada vez me llaman menos para exterminar cucarachas porque, paradójicamente, lo estoy haciendo demasiado bien. Es posible que yo tenga un ethos profesional muy fuerte y eso me importe relativamente poco. Y también es posible que esto no me importe porque si yo hago peor mi trabajo, contratarán a otro exterminador de cucarachas. Pero si asumimos que yo tengo algo de poder de mercado (lo que es verosimil si las habilidades son heterogéneas), que no es posible verificar perfectamente cuanto esfuerzo le estoy poniendo a mi trabajo y que mi principal motivo es ganar dinero, entonces es fácil darse cuenta de que cada vez que una señora me llame para exterminar plagas en su casa, tendré incentivos para dejar un pequeño nido de cucarachas para que, al cabo de un tiempo, me vuelvan a llamar y mantener vivo mi negocio.Un paper reciente de Termino de James Robinson y sus coautores (via Chris Dillow) viene a plantear precisamente esta idea aplicada a la política. En un sistema dónde la supervivencia de los políticos depende de su utilidad o su capacidad para resolver problemas, estos pueden tener un incentivo estratégico para no resolver precisamente aquellos problemas en cuya resolución son especialmente capaces.El ejemplo que ponen Robinson et al es el caso de Uribe con las FARC. Supongo que si pensara un poco más encontraría unos cuantos más, pero mi principal idea es el caso de lo que podemos llamar “políticas simbólicas”. Me refiero con esto a ese conjunto de políticas que se caracterizan por a) Tener un carácter muy político y muy poco técnico de modo que sirven para movilizar al electorado b) Ser relativamente poco costosas en términos presupuestarios.Un primer ejemplo son todos los problemas de tipo “bioético” (matrimonio gay, investigación celulas madre, condones, aborto). Por alguna razón, es un tema que jamás parece estar cerrado y cada gobierno, de izquierdas o de derechas, saca el problema a la agenda cuando llega. Una primera explicación es que al tratarse de algo poco técnico, es muy dificil llegar a un consenso duradero. Pero otra explicación es precisamente que esto es un caladero permanente de votos. ¿Podrían alcanzar los dos partidos mayoritarios un acuerdo duradero sobre esto? Posiblemente esto supondría un coste considerable para alguno de ellos en términos de votos, pero lo interesante aquí es que ninguno de los dos está interesado en que este tema salga de la agenda política porque es una forma de ganar votos sin gastar un duro.Otro ejemplo son los problemas relacionados con el nacionalismo y el modelo de Estado. De nuevo, se trata de un aspecto dónde hay posiciones irreconciliables. Sin embargo ¿qué sería de un partido como CiU o el PNV si el problema se resolviera permanentemente?. Se trata de partidos que sencillamente perderían su razón de ser, tendrían que integrarse en el PP. Esto significa que aunque hubiera un espacio para el acuerdo, es probable que nadie tenga un incentivo real para llegar a él.Mientras escribía estas líneas pensaba que esto señala los límites de cualquier política basada en el consenso y en los pactos de Estado. El efecto de llegar a este tipo de pactos es el de despolitizar, sacar de la agenda y de la confrontación una serie de temas. Esto es algo que no termina de estar claro si es deseable o no: al fin y al cabo, la democracia trata precisamente de que haya un debate público dónde se ventilen las alternativas de gobierno y los conflictos subyacentes. Pero lo que señala el argumento es que es altamente improbable que este tipo de políticas emerjan. Una vez que el problema se haya resuelto, la expertise de un partido o de un político se deprecia considerablemente y ya no hay realmente incentivos para volverlo a elegir.Se trata de un mecanismo parecido al carácter expansionista de las dictaduras militares. Hay una frase de Isabel Allende que dice algo así como “La guerra es la obra de arte de los militares, la coronación de su formación, el broche dorado de su profesión. No han sido creados para brillar en la paz. “. La razón por la que los militares empujan hacia la guerra puede ser que hayan interiorizado algún sesgo (“cuando uno tiene un martillo todo parecen clavos”), pero otra razón es precisamente esa, la de “job for the boys”. Así, las dictaduras militares a menudo necesitan mantener la cuestión geopolítica viva para poder sobrevivir. De forma más general, ilustra el dilema al que se enfrentan todos los revolucionarios al día siguiente de la revolución: sus habilidades (la movilización política, derrocar el sistema, el activismo) suelen haberse vuelto inútiles en un régimen dónde lo que hace ganar puntos es ser un buen gestor.