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domingo, 25 de septiembre de 2011

¿Existe la lucha de clases?

Recientemente he visto y leído  el discurso de Barack Obama (ver aquí) sobre la subida de impuestos a los ricos. Es verdad. 

"Son sólo matemáticas", ha advertido el presidente estadounidense

No lo podía haber dicho mejor. Estamos hablando de que la crisis está recayendo sobre las espaldas de la clase media-baja, en su mayor parte, y a los ricos les está siendo esta crisis una buena oportunidad de seguir subiendo su masa patrimonial. 

¿Qué hacen los Gobiernos por contra? Hoy por hoy nada. España y el Gobierno del Psoe está noqueado, pero es que la crisis político-económica de Europa es de tal envergadura (y podríamos extenderla también a mundial) que ahora mismo no hay nadie que sepa lo que tenemos que hacer. Pero al final, volvemos al principio: son matemáticas. ¿Por qué no se hace? PORQUE NO SE QUIERE HACER, y porque hay unos grupos de poder muy fuertes al lado de la clase política dirigente de los países que les dice lo que tienen que hacer.

Acabo de leer el maravilloso artículo de Vincenc Navarro (hojear su página web siempre es recomendable) y me he topado con este artículo ¿Existe lucha de clases?.

Warren Buffet es uno de los ricos más superricos de EEUU y del mundo. Se caracteriza por ser inteligente, por conocer muy bien la realidad que le rodea y por hablar muy claro, frecuentemente en contra de la clase social a la que pertenece. Es, como The Wall Street Journal lo define, un “traidor a su clase”. Entre sus declaraciones, la más citada por los no ricos es aquella en la que indicó que, en contra de aquellos que creen que ya no hay clases sociales en EEUU (y que, por lo tanto, asumen que el concepto de lucha de clases es anticuado e irrelevante), la realidad que él conoce es que sí que hay clases sociales y que también existe una lucha entre ellas en la que su clase –los superricos– gana cada día a costa de los intereses de la mayoría de la población, que consigue sus rentas a partir del trabajo en lugar del capital.
Tal señor escribió recientemente un artículo en The New York Times, Stop Coddling the Super-Rich (Basta de mimar a los superricos, 15-08-11), en el que explicaba los impuestos que él paga comparándolos con los que pagan los empleados de su compañía (él es un inversor financiero). Señala que pagó este año en impuestos 6.938.744 dólares, lo cual, señala, es una cifra más que respetable. Pero tal cantidad es menos del 17% de sus ingresos anuales, un porcentaje mucho menor que el de sus empleados, cuyo porcentaje varía desde el 33% al 41%, con un promedio (de los empleados de su despacho) de un 36%. Considera, con razón, que ello no es justo. Y subraya que los superricos no están contribuyendo al sacrificio general que el Gobierno federal de EEUU está pidiendo de todos los ciudadanos para salir de la crisis. A ninguno de los superricos se le ha pedido hasta recientemente que haga ningún sacrificio, y ello a pesar de que –tal como señala Buffet– la crisis les ha ido muy bien a los superricos.
¿Y cómo puede ser que paguen mucho menos en impuestos que la clase trabajadora y que las clases medias? Buffet lo dice claramente. La mayoría de su renta deriva de los beneficios que consigue de sus inversiones (la mayoría inversiones financieras). Es decir, es dinero de lo que antes se llamaba el capital financiero. Subraya Buffet que los impuestos sobre las rentas del capital (como el Impuesto de Sociedades) gravan mucho menos que las rentas del trabajo, lo cual le parece una profunda injusticia. Según él, todas las rentas, tanto las derivadas del capital como las derivadas del trabajo, deberían gravarse por igual, sin privilegios (como ocurre ahora) a las rentas del capital, que se gravan mucho menos. En realidad, no sólo gravan menos, sino que incluso han ido descendiendo más y más, bajo el argumento de que disminuir tales impuestos al capital facilita la creación de puestos de trabajo. La sabiduría convencional en el conocimiento económico –que, en general, está sesgado a favor de las rentas del capital– promueve políticas que favorecen estas últimas a costa de las rentas del trabajo, argumentando que es necesario incentivarlas para conseguir más inversión y más empleo. Pero, como Buffet señala en su artículo en The New York Times, los ingresos derivados del capital han crecido astronómicamente para los superricos, a la vez que los impuestos sobre tales rentas han ido disminuyendo y, sin embargo, la creación de puestos de trabajo en EEUU ha sido menor que antes (de 1950 a 1980) cuando las rentas del capital se gravaban mucho más que ahora.
En realidad, las políticas fiscales que definen quién paga impuestos y en qué cantidad no vienen definidas por factores económicos, sino por factores políticos, lo cual quiere decir por el poder e influencia que distintos colectivos de personas tienen en nuestras sociedades sobre las instituciones políticas (y mediáticas). Y de estos colectivos, los ricos y superricos (lo que solía llamarse la clase capitalista o burguesa, términos hoy abandonados por considerárseles anticuados) son los más influyentes. El hecho de que no se hable de clases sociales y lucha de clases en España se debe precisamente a su enorme poder sobre las instituciones políticas y mediáticas. Como consecuencia, la versión convencional de la estructura social de nuestros países afirma que las clases sociales básicamente han desaparecido, puesto que la mayoría de ciudadanos pertenece a la clase media, aceptando que por encima están los ricos –la clase alta– y por debajo los pobres –la clase baja–. Por lo demás, hablar de clase capitalista o burguesía, pequeña burguesía, clase media y clase trabajadora (la mayoría de la población) se considera ser muy anticuado. Las ciencias sociales, sin embargo, son ciencias. Y la clase social es una categoría científica. Y en ciencia no debe confundirse antiguo con anticuado. La ley de la gravedad es muy antigua, pero no es anticuada. Si lo duda, salte de un cuarto piso y lo verá. Y esto es lo que está ocurriendo a gran parte de las izquierdas gobernantes. Están saltando del cuarto piso y están cayendo en picado.
El famoso dicho del presidente Zapatero de que “bajar impuestos es de izquierdas”, continuando unas políticas iniciadas en España por el Partido Popular, ha favorecido enormemente a la clase capitalista (es decir, aquel colectivo que deriva sus rentas del capital), que como bien dice Buffet, existe. Y los datos de la Agencia Tributaria española así lo documentan. Mientras que los ingresos al Estado derivados de la gravación a las rentas del trabajo han ido aumentando desde 2006 (pasando de representar 430.428 millones de euros en 2006 a 494.431 millones de euros en 2010), las derivadas del capital han descendido considerablemente, pasando de 75.027 millones de euros a 53.455 millones de euros, y ello en gran parte, como consecuencia de las bajadas de impuestos, sobre todo a las rentas superiores y del Impuesto de Sociedades. ¿Dónde está la versión española de Buffet?

Pero aún más de la hipocresía de esta santa casa llamada España. ¿Recuerdan el caso de las cuentas de la familia Botín? ¿Alguien ha vuelto a leer algo en prensa, en los telediarios de aquí? 

NO. Lo hemos tenido que leer en un reportaje del The New York Times. Aquí.

Emilio Botín is a billionaire Spanish banker renowned for running a tight ship. He asks that his top credit officers at Santander — one of Europe’s largest banks — make a trek to his vacation home each summer to report on loan exposures. And he queries the head of his charitable foundation, euro for euro, on its smallest donations.

(...)

At the request of tax fraud inspectors, a Spanish national court is investigating whether the payment is enough, given the amount that was stashed abroad; tax experts in Spain say that the account could reach two billion euros. The court has also said that officials need more time to sift through the blizzard of documents that the family submitted and will consider whether a criminal charge of document fraud should be brought.

(...)

The elder Mr. Botín spent a few months in London before moving to Basel, Switzerland, and eventually returning to Spain to resume leadership of the bank that he had run since 1933. But while he returned to Spain, the money he salted away in Switzerland did not. The senior Botín died in 1993. Last year, the French government passed on to Spain data that it had obtained from Hervé Falciani, a former employee in HSBC’s Swiss subsidiary, naming almost 600 Spanish holders of secret bank accounts. Among those was one belonging to the estate of Mr. Botín’s father.
In his opening summary, the judge in charge of the case, Fernando Andreu, highlighted “the complexity of the hereditary structures” of trusts, foundations and other companies set up to oversee the account. The closest he came to explaining what was in the account was to say that it also included a 12 percent stake in Bankinter, a midsize bank in which Jaime Botín, Emilio’s brother, is a leading shareholder. That holding, at current stock market value, would be worth about $310 million.


Hay mucho sobre lo que reflexionar, y mucho que decir sobre las manos atadas que tienen aquí los Gobiernos contra las manos poderosas que controlan todo. 

Y a todo ésto: ¿algo tendrán que decir los grupos mediáticos de este pobre papel que están haciendo en denunciar ésto, no?