lunes, 18 de julio de 2011

SABINA ("el FLACO")

Reconozco que no crecí con él. Le encontré de mayor, y ahora mismo soy un fanático de su verso, de su canallesca manera de contarnos la soledad, la melancolía, el amor, lo bueno y lo malo de la vida. Es el autor que más ha sabido sacar a sus canciones cuando los momentos de soledad le han atrapado, pues Sabina saca oro a los momentos malos, pues los felices ya están para disfrutarlos. En los malos se agranda. Cuando una chica le ha dejado ha sacado canciones memorables.
Dice Joaquín Carbonell en la biografía que ha escrito de Joaquín Sabina (Pongamos que hablo de Joaquín, una mirada personal sobre Joaquín Sabina) lo siguiente:

¿Cantaba como vivía o vivía como cantaba? Imposible apartar una circunstancia de otra. Ambas son ciertas y a menudo tan mezcladas que es difícil separar la afición de la profesión: Sabina ha dibujado exactamente en canciones todo lo que le ha sucedido y, de paso, ha sentido la necesidad de teatralizar sus experiencias musicales. Un bucle sin fin...
Sabina es el rey del exceso, de la noche, está entre el bien y el mal, y su aura no para de subir. Está por encima de cualquier músico español de las tres últimas décadas. Su fama es internacional, y si en España le queremos, en Latinoámerica le idolatran.
Tiene un don con las letras, y sabe unirlas en sonetos que con música hacen de él un maestro.
Siempre lo tendremos en mente, porque para cualquier circunstancia de la vida, siempre existe una canción, una letra, un soneto, un estribillo que te ayuda.








Yo no quiero un amor civilizado,

con recibos y escena del sofá;

yo no quiero que viajes al pasado

y vuelvas del mercado con ganas de llorar.

Yo no quiero vecínas con pucheros;

yo no quiero sembrar ni compartir;

yo no quiero catorce de febrero ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas;

yo no quiero que elijas mi champú;

yo no quiero mudarme de planeta,

cortarme la coleta, brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardín;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

Yo no quiero juntar para mañana,

no me pidas llegar a fin de mes;

yo no quiero comerme una manzana

dos veces por semana sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero;

yo no quiero besar tu cicatriz;

yo no quiero París con aguacero ni Venecia sin tí.

No me esperes a las doce en el juzgado;

no me digas “volvamos a empezar”;

yo no quiero ni libre ni ocupado,

ni carne ni pecado, ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste;

yo no quiero contigo ni sin ti;

lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,

es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas

y matarme contigo si te mueres

porque el amor cuando no muere mata

porque amores que matan nunca mueren.

Título: Contigo Año: 1998 Letra: Joaquín Sabina Música: Joaquín Sabina, Pancho Varona Disco: Yo, mi, me, contigo (1996)



















No hay comentarios:

Publicar un comentario